La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se caracteriza por la aparición de lesiones rojizas y escamosas preferentemente en codos, rodillas y cuero cabelludo (aunque puede aparecer en cualquier parte del cuerpo). No es una enfermedad contagiosa ni hereditaria, pero existe predisposición genética en las personas que la padecen.

Se estima que alrededor del 2% de la población padece psoriasis, siendo afectados por igual ambos sexos. Para conocerla un poco más, nos preguntamos: ¿Qué tipos de psoriasis hay?

La psoriasis presenta diversas formas clínicas, según la Sociedad Española de Reumatología (SER):

Psoriasis vulgar. Es la más frecuente. Se caracteriza por la presencia de placas escamosas, rojizas, muy bien delimitadas, que suelen distribuirse de forma simétrica por el cuerpo. Generalmente, estas placas no producen síntomas aunque pueden producir un poco de picor.

Psoriasis gutata. Muy poco frecuente, pero es la forma de presentación más habitual  en niños y adolescentes. Se caracteriza por numerosas placas de pequeño tamaño (entre 0,5 y 1,5 centímetros). Suele aparecer en forma de brotes después de determinadas infecciones.

Psoriasis eritrodérmica. Se caracteriza por la aparición, de manera gradual o aguda, de un eritema o enrojecimiento de la piel que afecta a más del 90% de la superficie corporal.

Variantes pustulosas. Son variantes de la psoriasis en las que se forman pústulas visibles a simple vista.

¿Y cómo se puede combatir? En la actualidad el tratamiento de la psoriasis se basa en:

Tratamiento tópico. Se utilizan sobre todo corticoides tópicos, sustancias derivadas de la vitamina D, retinoides tópicos, breas y alquitranes, ácido salicílico y urea; aplicados directamente en forma de lociones, ungüentos, cremas y champús.

Fototerapia. En casos de psoriasis más extensa, se utiliza la exposición a la radiación ultravioleta UVB, bien sea natural -producida por el sol-, bien artificial.

Tratamiento sistémico. En casos graves de psoriasis, el especialista puede prescribir medicamentos como retinoides sistémicos o inmunosupresores.

Como hemos dicho anteriormente, existe una predisposición genética, aunque también son necesarios factores desencadenantes relacionados con el estilo de vida. Aquí es dónde entraría la nutrición, para mejorar los síntomas y reducir la recurrencia de los brotes.

Los estudios muestran como los individuos con psoriasis siguen una dieta con cantidades significativamente menores de alimentos como zanahorias, pimientos, espinacas (ricas en betacarotenos) y fruta fresca. El apio y la lechuga también son beneficiosos, al ser ricas en psoralenos.

¿Sabías que en los esquimales la presencia de psoriasis es mucho menor que en los europeos?

Esto es por su elevado consumo de pescado azul. Una dieta más baja en proteínas y grasa, con elevado de grasas saludables procedente de pescado azul se asocia a mejorías clínicas.

Asimismo la obesidad, el consumo de alcohol y el de tabaco se asocian a una mayor presencia de esta enfermedad.